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Aprovechando el puente de Todos los Santos,
decidí probar una experiencia nueva con algunos de mis
alumnos y organizamos un curso donde se combinaban las clases
de montar con la Doma Natural. El objetivo del curso era mejorar
nuestro nivel de monta por la montaña al tiempo que profundizábamos
sobre el conocimiento de los caballos.
Como sabéis la base de la Doma Natural es el conocimiento
del comportamiento de los caballos salvajes, pues su comportamiento
instintivo es el mismo que el de los domésticos en casi
todos los casos. Hasta la fecha, tanto en los diversos cursos
de Doma Natural que hemos realizado como a través de esta
serie de artículos estudiábamos a los caballos salvajes
desde un plano teórico, mediante conferencias, fotografías,
videos, etc. De esta forma nos aproximábamos al caballo
desde el punto de vista del conferenciante o del autor del video
o las fotografías. Mi intención era poder compartir
con mis alumnos la experiencia de observar a los caballos en su
hábitat natural pudiendo así cada uno extraer sus
propias conclusiones.
Todos los caballos salvajes que existen en la actualidad en cualquier
rincón del mundo vienen de caballos domésticos asilvestrados.
No hay hoy en día caballos salvajes originarios. Y todos
los caballos salvajes, vivan donde vivan se comportan de igual
forma. Su vida social y su forma de comunicación son iguales
en los cinco continentes. La trascendencia de esto es enorme,
pues ello significa que si dejamos a un grupo de caballos domésticos
en libertad se comportaran como los salvajes, lo que nos muestra
que los instintos primarios del caballo son tan fuertes que por
muchas generaciones que lleven domesticados no se les han olvidado,
lo que nos permite usarlos en aras a una mejor comprensión
de su comportamiento y más fácil comunicación
con ellos.
Pues con este objetivo de conocer mejor a los caballos salvajes
nos pusimos en ruta. Nuestro destino era la Sierra de Aralar en
el noroeste de Navarra. Allí se concentran diversos grupos
familiares de caballos que viven en completa libertad. Si bien
la mayoría de ellos tiene dueño, al vivir plenamente
libres conservan su comportamiento primario.
Nos alojamos en el Hotel Ayestaran de Lecumberri, población
situada al pie de la Sierra de Aralar, a donde llegamos el 31
por la tarde. Lo primero que hicimos fue ir a conocer a los caballos
que montaríamos los días posteriores. Los caballos
nos los dejaba Joaquin Labayen de Aralar Zalditegia, una hípica
situada en Bariabar, pueblo muy próximo a Lecumberri. La
noche del 31 de octubre tuvimos la primera sesión de trabajo.
Intente explicar al grupo como se comportan los caballos salvajes
para que pudieran entender aquello que esperaba poder ver al día
siguiente.
El primer día salimos temprano con la esperanza da dar
con alguno de estos grupos, lo que se complicaba al estar avanzado
el otoño, pues cuando empieza el frío los caballos
bajan de las campas y se refugian en los bosques donde es mucho
mas difícil encontrarlos. Tras cuatro horas de travesía
dimos con los primeros grupos y empezamos a observarlos.
Los grupos que encontramos no tenían semental, por lo que
no pudimos ver el comportamiento de todos los miembros de un grupo
familiar. Pero si observamos como la yegua líder dirigía
a su grupo hacia una charca donde podrían beber. La yegua
líder iba en cabeza y el resto del grupo la seguía
en fila india. Al reparar en nuestra presencia se quedaron todos
observándonos fijamente en estado de alerta, al ir nosotros
a caballo no nos vieron como una gran amenaza y en cuanto la líder
se relajó el resto hizo lo mismo y se pusieron todos a
beber.
Ese
día también pudimos observar a los potros jugando
y como se coordinaban entre ellos mientras corrían. Estos
juegos son la mejor preparación para poder huir de los
depredadores en caso necesario.
Ese primer día aprendimos como el liderazgo depende de
la experiencia y la tranquilidad que la yegua líder sabe
transmitir al resto del grupo, que la sigue sin dudar, así
como el instinto tan marcado que tienen los caballos de coordinarse
unos con otros, lo que es muy útil a la hora de manejarlos
o montarlos.
El segundo día decidí probar suerte en zonas más
boscosas a ver si encontrábamos algún grupo completo.
Tampoco tuvimos suerte pues seguíamos estando a mucha altura
y había pocos caballos. Pero como el día anterior
tuvimos una interesante sorpresa. Nos encontrábamos en
el valle de Ata, valle muy estrecho que penetra en la Sierra de
Aralar en el que los animales suelen refugiarse del mal tiempo.
Allí apareció un grupo mucho mas numeroso de lo
habitual, podría estar formado por treinta cabezas. Esto
es posible al no haber sementales. Las yeguas y potros de distintos
grupos familiares se unen y forman mayores manadas. Nos acercamos
al grupo con sigilo para poder observarlo mejor pero como era
de esperar en cuanto penetramos en su zona de seguridad el grupo
entero huyo al galope. Lo sorprendente del caso fue que en vez
de alejarse de nosotros fueron rodeándonos poco a poco
hasta que nos encontrábamos justo en el centro de una manada
de treinta caballos que no paraban de moverse a nuestro alrededor.
Fue una pena no haber podido quedarse allí mas tiempo pero
nuestros caballos empezaban a ponerse nerviosos y dado que algunos
de mis alumnos no eran jinetes muy expertos decidí lanzarme
contra el grupo para dispersarlo y así poder continuar
nuestro camino.
Lo
que allí había sucedido fue que al ir nosotros montados
y quedarnos parados la manada dejo de vernos como una amenaza
y poco a poco la curiosidad por conocer a los nuevos caballos
fue venciendo el miedo que les causamos al principio. A estar
allí quietos se iban acercando mas y mas hasta que los
que empezaron atener miedo fueron nuestros propios caballos. Interesante
experiencia si se quiere ir a capturar caballos que vivan en libertad,
pues actuando de manera parecida nos permitirán acercarnos
mucho a ellos. Esto es posible al no haber sementales, pues de
haberlos habido se habría acercado solo el semental.
El tercer día nos dirigimos hacia las campas de Albiasu
y los bosques circundantes. Es una zona de menor altura donde
por fin encontramos un grupo familiar completo formado por tres
yeguas sus potros y el semental. Lo curioso de este encuentro
fue el comportamiento de uno de los potros. Al pasar cerca del
grupo el semental salió a nuestro encuentro a ver quienes
eran aquellos intrusos, quedándose las yeguas y los potros
formando una piña mas atrás. Lo sorprendente del
caso es que un potro macho, aproximadamente de un año de
edad, salió galopando detrás de su padre hacia nosotros
imitándole en todos sus movimientos. Daba la impresión
de que el potro estuviera aprendiendo de su padre el comportamiento
de un semental ante un grupo de intrusos. En esta ocasión
tuvimos suerte de que el grupo se encontraba en el termino municipal
vecino, por lo que la alambrada que separa los dos municipios
impidió que el semental llegara hasta nosotros, pues estaba
mas alterado de lo habitual probablemente por la presencia de
su hijo.
Este
es un breve resumen de algunas de las experiencias que compartimos,
junto con muchas horas de excursión por bonitos parajes
que sirvieron para que pudiésemos mejorar en nuestro nivel
de monta por la montaña.
Mi intención es repetir estos cursos periódicamente
en primavera y verano para que todos aquellos a los que les apetezca
vivir experiencias parecidas a las explicadas puedan hacerlo.
Pulsa aqui para ver la opinión
de los alumnos.
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