Imprinting 5. Doma natural

En este capítulo trataré de mostrar como suelo enseñar a los potros a estar atados.

Como hemos visto en los capítulos precedentes, cuanto antes empecemos a enseñar al potro más rápido aprenderá, y esto es también válido, como es lógico, para enseñar al potro a estar atado.

Antes de empezar a atar al potro debemos tomar algunas precauciones, pues si el potro no está previamente entrenado a ir del ramal atarlo puede ser muy peligroso, pues como sabemos la reacción natural de un caballo cuando se encuentra amenazado es salir huyendo, y si estando atado se asusta de algo tirará como un loco de la cuerda intentando huir. Además no podemos olvidar que el simple hecho de encontrarse atado, sin posibilidad de escapar corriendo, ya supone una situación de miedo para el caballo al no poder utilizar su forma más instintiva de defensa que es la huida.

Muchos de los accidentes más graves se producen cuando se ata a los caballos las primeras veces, sin haberlos preparado previamente para ello. Es muy fácil que el potro se asuste y empiece a tirar de la cuerda, si ésta o la cabezada se rompen el caballo puede caer y desnucarse. Si cae violentamente sobre sus cuartos traseros puede lesionarse seriamente la pelvis o los corvejones. Para evitar el riesgo de lesiones no basta con asegurarnos de que el equipo esté en buenas condiciones y no se rompa, pues al tirar con violencia el caballo puede sufrir lesiones permanentes en el cuello, sobre todo si está atado demasiado bajo. En este caso también puede enredarse con la cuerda en sus manos pudiendo sufrir quemaduras o fracturas. También debemos asegurarnos que atamos al caballo a un objeto que no se rompa, pues si el poste al que lo atamos se rompe el caballo lo arrastrará en su huida con el riesgo de que le vaya golpeando. Una vez fui testigo de cómo un caballo que estaba atado al banco de un parque se asustó y salió huyendo arrastrando el banco tras de sí, la cuerda se le enredó en las patas y el banco le golpeó con fuerza en los corvejones causándole lesiones irreversibles.

Como precaución para evitar accidentes suelo observar siempre una serie de reglas que considero básicas a la hora de atar un caballo.

Punto 1.- No dejo atado nunca a un caballo, tenga la edad que tenga, si previamente no está entrenado a ir del ramal y no tirar.

Punto 2.- Me aseguro de que la cabezada, cuerda y mosquetón estén en buen estado no sea que se rompan.

Punto 3.- Ato siempre al caballo haciendo un nudo que se deshaga simplemente tirando de la cuerda para casos de emergencia. Suelo llevar siempre encima un cuchillo por si he de cortar la cuerda en caso de que no se deshaga el nudo.

Punto 4.- Ato al caballo dejando cuerda suficiente para que pueda mover la cabeza y así ver lo que le rodea, pero no muy largo para evitar que se enrede la cuerda en sus manos.

Punto 5.- Lo ato bastante alto, a la altura de la cruz o un poco más arriba. En caso de que el caballo tire con fuerza las lesiones que podría hacerse en su cuello serán menos graves que si está atado bajo y tira hacia arriba.

Es evidente que podemos enseñar al potro a estar atado y a ir del ramal a cualquier edad, pero como decía al principio las ventajas de hacerlo durante sus primeras semanas de vida son muchas. El potro aprenderá mucho más rápido en este momento. Además es mucho más fácil de controlar en caso de que tire de nosotros, y si tenemos la mala suerte de que ocurra un accidente se hará menos daño ahora que es más ligero y flexible que más tarde cuando sea más fuerte y pesado.

Como decía, antes de atarlo me aseguro de que el potro sabe ir del ramal sin tirar, pero me aseguro de que es capaz de ir del ramal en línea recta. No me basta con que el potro me siga del ramal a uno u otro lado, ni siquiera en círculos pequeños. La cuestión es que el potro haya asimilado que ante cualquier presión del ramal debe ir hacia delante en línea recta, aunque sólo avance un paso.

Para empezar el entrenamiento le pongo la cabezada al potro, cojo el ramal y me planto en medio del picadero como si fuera un poste al que está atado el potro. Si el potro tira de la cuerda me mantengo firme hasta que da un paso adelante, entonces la cuerda se destensará desapareciendo la presión sobre la cabezada. De este modo el potro aprende por sí mismo que en cuanto avanza hacia la presión esta desaparece y en cambio continúa si tira de la cuerda. Conseguido esto pediré con pequeños tirones intermitentes que el potro se acerque, hasta que lo haga automáticamente.

Doma de potro

Foto 1._

Doma de potro

F oto 2._

Doma de potro

Foto 3._

Doma de potro

Foto 4._

F O T O G R A F I A S

FOTO 1._ Me coloco como si fuera el poste donde atamos al potro y sujeto el ramal con firmeza hasta que deja de tirar.

FOTO 2._ El potro viene hacia mí y la cuerda se destensa.

Para enseñar al potro a estar atado realizaremos los mismos ejercicios que muestran las fotografías 1 y 2 pero con el ramal atado a la cabezada en vez de colocado alrededor del cuello.

Una vez que el potro ha aprendido a ir hacia delante cuando siente que el ramal se tensa, el potro está preparado para el siguiente paso. Para atar al potro utilizo la cámara vieja de una rueda de coche. Al ser elástica y resistente cederá ante los tirones del potro sin romperse. Busco siempre un lugar donde el potro no se pueda hacer daño, como una pared plana. Si tengo que atarlo al poste de una valla intento tapar los huecos entre los palos para que no pueda meter sus manos y hacerse daño. Ato la cámara al poste y paso la cuerda por la cámara.

FOTO 3._ Paso una cuerda larga por la cámara y me coloco detrás del potro. Tiro muy despacio de la cuerda hasta que se tensa.

Ato la cámara al poste y paso una cuerda larga que me permita colocarme detrás del potro. Una vez que estoy detrás suyo, voy tirando despacio de la cuerda hasta que esta se tensa . El cuello del potro se empezará a estirar a la vez que se extiende la cámara. Por mínimo que sea el movimiento del potro hacia delante la cámara cederá, por lo que la recompensa para el potro es inmediata al reducirse la tensión. La cámara nos ayudará a que el premio sea de verdad inmediato, cosa difícil de conseguir sólo aflojando nuestra mano, ya que normalmente nuestra respuesta llega tarde. Así tenemos un refuerzo positivo inmediato. Le decimos al potro con toda claridad “dejas de tirar e inmediatamente se reduce la tensión que sientes en tu cuello”.

Al estar colocado por detrás de él prevengo que si se asusta vaya hacia atrás, pues mi presencia allí le inhibirá a hacerlo. Si aún así tirará hacia atrás no me apartaré. Muy al contrario avanzaré hacia él echándolo adelante.

Antes de dejar al potro atado sólo me aseguro de que haya aprendido bien la lección repitiendo el ejercicio las veces que sea necesario. Incluso provoco que otra persona le asuste un poco para ver sus reacciones, y no lo dejo sólo hasta que aguante atado totalmente tranquilo. Siempre que puedo ato al potro junto a su madre, pues le ayudará a estar más tranquilo. Progresivamente lo voy atando cada vez más lejos de la madre hasta que llega el punto en que puedo atarlo sin que vea a su madre.

FOTO 4._ Ato al potro a la cámara antes de dejarlo atado directamente al poste.

Durante unas semanas siempre ato al potro a la cámara antes de hacerlo directamente al poste, y nunca me alejo demasiado por si tengo que intervenir en caso de que el potro entre en un pánico.

Juan Araquistain
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