Doma Natural en la montaña.

Sección: Noticias
11 Nov 2001

Aprovechando el puente de Todos los Santos, decidí probar una experiencia nueva con algunos de mis alumnos y organizamos un curso donde se combinaban las clases de montar con la Doma Natural. El objetivo del curso era mejorar nuestro nivel de monta por la montaña al tiempo que profundizábamos sobre el conocimiento de los caballos.

Como sabéis la base de la Doma Natural es el conocimiento del comportamiento de los caballos salvajes, pues su comportamiento instintivo es el mismo que el de los domésticos en casi todos los casos. Hasta la fecha, tanto en los diversos cursos de Doma Natural que hemos realizado como a través de esta serie de artículos estudiábamos a los caballos salvajes desde un plano teórico, mediante conferencias, fotografías, videos, etc. De esta forma nos aproximábamos al caballo desde el punto de vista del conferenciante o del autor del video o las fotografías. Mi intención era poder compartir con mis alumnos la experiencia de observar a los caballos en su hábitat natural pudiendo así cada uno extraer sus propias conclusiones.

Todos los caballos salvajes que existen en la actualidad en cualquier rincón del mundo vienen de caballos domésticos asilvestrados. No hay hoy en día caballos salvajes originarios. Y todos los caballos salvajes, vivan donde vivan se comportan de igual forma. Su vida social y su forma de comunicación son iguales en los cinco continentes. La trascendencia de esto es enorme, pues ello significa que si dejamos a un grupo de caballos domésticos en libertad se comportaran como los salvajes, lo que nos muestra que los instintos primarios del caballo son tan fuertes que por muchas generaciones que lleven domesticados no se les han olvidado, lo que nos permite usarlos en aras a una mejor comprensión de su comportamiento y más fácil comunicación con ellos.

Pues con este objetivo de conocer mejor a los caballos salvajes nos pusimos en ruta. Nuestro destino era la Sierra de Aralar en el noroeste de Navarra. Allí se concentran diversos grupos familiares de caballos que viven en completa libertad. Si bien la mayoría de ellos tiene dueño, al vivir plenamente libres conservan su comportamiento primario.

Nos alojamos en el Hotel Ayestaran de Lecumberri, población situada al pie de la Sierra de Aralar, a donde llegamos el 31 por la tarde. Lo primero que hicimos fue ir a conocer a los caballos que montaríamos los días posteriores. Los caballos nos los dejaba Joaquin Labayen de Aralar Zalditegia, una hípica situada en Bariabar, pueblo muy próximo a Lecumberri. La noche del 31 de octubre tuvimos la primera sesión de trabajo. Intente explicar al grupo como se comportan los caballos salvajes para que pudieran entender aquello que esperaba poder ver al día siguiente.

El primer día salimos temprano con la esperanza da dar con alguno de estos grupos, lo que se complicaba al estar avanzado el otoño, pues cuando empieza el frío los caballos bajan de las campas y se refugian en los bosques donde es mucho mas difícil encontrarlos. Tras cuatro horas de travesía dimos con los primeros grupos y empezamos a observarlos.

Los grupos que encontramos no tenían semental, por lo que no pudimos ver el comportamiento de todos los miembros de un grupo familiar. Pero si observamos como la yegua líder dirigía a su grupo hacia una charca donde podrían beber. La yegua líder iba en cabeza y el resto del grupo la seguía en fila india. Al reparar en nuestra presencia se quedaron todos observándonos fijamente en estado de alerta, al ir nosotros a caballo no nos vieron como una gran amenaza y en cuanto la líder se relajó el resto hizo lo mismo y se pusieron todos a beber.

Ese día también pudimos observar a los potros jugando y como se coordinaban entre ellos mientras corrían. Estos juegos son la mejor preparación para poder huir de los depredadores en caso necesario.

Ese primer día aprendimos como el liderazgo depende de la experiencia y la tranquilidad que la yegua líder sabe transmitir al resto del grupo, que la sigue sin dudar, así como el instinto tan marcado que tienen los caballos de coordinarse unos con otros, lo que es muy útil a la hora de manejarlos o montarlos.

El segundo día decidí probar suerte en zonas más boscosas a ver si encontrábamos algún grupo completo. Tampoco tuvimos suerte pues seguíamos estando a mucha altura y había pocos caballos. Pero como el día anterior tuvimos una interesante sorpresa. Nos encontrábamos en el valle de Ata, valle muy estrecho que penetra en la Sierra de Aralar en el que los animales suelen refugiarse del mal tiempo. Allí apareció un grupo mucho mas numeroso de lo habitual, podría estar formado por treinta cabezas. Esto es posible al no haber sementales. Las yeguas y potros de distintos grupos familiares se unen y forman mayores manadas. Nos acercamos al grupo con sigilo para poder observarlo mejor pero como era de esperar en cuanto penetramos en su zona de seguridad el grupo entero huyo al galope. Lo sorprendente del caso fue que en vez de alejarse de nosotros fueron rodeándonos poco a poco hasta que nos encontrábamos justo en el centro de una manada de treinta caballos que no paraban de moverse a nuestro alrededor. Fue una pena no haber podido quedarse allí mas tiempo pero nuestros caballos empezaban a ponerse nerviosos y dado que algunos de mis alumnos no eran jinetes muy expertos decidí lanzarme contra el grupo para dispersarlo y así poder continuar nuestro camino.

Lo que allí había sucedido fue que al ir nosotros montados y quedarnos parados la manada dejo de vernos como una amenaza y poco a poco la curiosidad por conocer a los nuevos caballos fue venciendo el miedo que les causamos al principio. A estar allí quietos se iban acercando mas y mas hasta que los que empezaron atener miedo fueron nuestros propios caballos. Interesante experiencia si se quiere ir a capturar caballos que vivan en libertad, pues actuando de manera parecida nos permitirán acercarnos mucho a ellos. Esto es posible al no haber sementales, pues de haberlos habido se habría acercado solo el semental.

El tercer día nos dirigimos hacia las campas de Albiasu y los bosques circundantes. Es una zona de menor altura donde por fin encontramos un grupo familiar completo formado por tres yeguas sus potros y el semental. Lo curioso de este encuentro fue el comportamiento de uno de los potros. Al pasar cerca del grupo el semental salió a nuestro encuentro a ver quienes eran aquellos intrusos, quedándose las yeguas y los potros formando una piña mas atrás. Lo sorprendente del caso es que un potro macho, aproximadamente de un año de edad, salió galopando detrás de su padre hacia nosotros imitándole en todos sus movimientos. Daba la impresión de que el potro estuviera aprendiendo de su padre el comportamiento de un semental ante un grupo de intrusos. En esta ocasión tuvimos suerte de que el grupo se encontraba en el termino municipal vecino, por lo que la alambrada que separa los dos municipios impidió que el semental llegara hasta nosotros, pues estaba mas alterado de lo habitual probablemente por la presencia de su hijo.

Este es un breve resumen de algunas de las experiencias que compartimos, junto con muchas horas de excursión por bonitos parajes que sirvieron para que pudiésemos mejorar en nuestro nivel de monta por la montaña.

Mi intención es repetir estos cursos periódicamente en primavera y verano para que todos aquellos a los que les apetezca vivir experiencias parecidas a las explicadas puedan hacerlo.

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