
Nos colocaremos cerca del potro y esperaremos hasta
que sea éste quien se acerque a nosotros hasta
tocarnos, siempre debemos dejarle a él la iniciativa.
Tiene que poder elegir.
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El objetivo de la tercera sesión
del adiestramiento es introducir a nuestro potro en las ayudas
que en su día utilizaremos al montarlo. Para ello, debemos
enseñar al potro a reaccionar ante unos estímulos
determinados en la forma que nosotros queremos.
Esta tercera sesión podemos realizarla a las 24 horas del
nacimiento del potro, momento en el que ya está plenamente
coordinado y tiene un buen control de su cuerpo.
Empezaremos repitiendo los pasos de las sesiones anteriores para
reforzar lo ya aprendido, pero esta vez toda la manipulación
la realizaremos con el potro puesto en pie. Le acariciaremos por
todo su cuerpo, le pediremos que nos deje coger sus manos y pies
y pondremos un poco de presión en la zona de la montura
y la cincha.
A continuación le pondremos la cabezada de cuadra. En la
vida de un potro, normalmente éste es el primer momento
en que empiezan sus problemas con la gente, cuando se le quiere
poner por primera vez la cabezada. Si el potro no se la deja poner
con total tranquilidad es que no está preparado para ello,
es que no hemos realizado correctamente los pasos anteriores.
Es muy importante cuando trabajamos con caballos, no olvidar nunca
que el caballo no nace aprendido, es decir, que cuando le queremos
enseñar algo hay que hacer precisamente eso, enseñárselo,
y no forzarlo. Si para ponerle una cabezada asustamos al potro,
lo presionamos demasiado, lo atamos por su cuello hasta inmovilizarlo,
o lo cogemos por la fuerza dentro de la cuadra hasta ponerle la
cabezada, lo único que aprenderá nuestro potro es
que las personas somos muy peligrosas. Deberíamos preguntarnos
que sentido tiene poner una cabezada a un potro, lo que normalmente
se hace para ponerle un ramal y llevarlo con nosotros de un sitio
a otro, si para hacerlo hemos producido un animal que tendrá
pánico de nosotros a quien no le apetecerá nada
ir con nosotros a ninguna parte. Si lo hacemos por la fuerza,
si lo que queremos conseguir es demostrar nuestro dominio sobre
él, en vez de una relación de amistad basada en
la confianza tendremos una relación de dominación
basada en el miedo.

Después de acariciarlo con la cabezada se la
acerco colocándome yo detras de su cabeza.
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Debemos olvidarnos por completo
del concepto del dominio cuando tratamos con caballos. Un caballo
no quiere ser dominado. El caballo, y mucho más el potro
quiere ser guiado, acompañado, asistido por alguien en
quien confía que le ayude a superar situación de
temor o incertidumbre. Si observáramos un poco más
a nuestros caballos veríamos como cuando en un grupo de
caballos domésticos, en los únicos en que hay relaciones
de dominio, pues no pasa en los salvajes, veríamos como
los miembros del grupo no quieren estar con el que se muestra
dominante. El dominante nunca el líder. Si nosotros queremos
tener la confianza de nuestro potro tenemos que olvidarnos por
completo del dominio y buscar convertirnos en su líder.
Pues como decía, el momento de ponerle la cabezada es fundamental.
Hay que hacerlo con el potro completamente relajado. Si éste
nos permite de verdad que le toquemos por todo su cuerpo estando
suelto, no tendremos ningún problema para poner la cabezada
por primera vez.
Para hacerlo, cogeremos la cabezada
y le iremos acariciando con ella por todo el cuerpo hasta que
se acostumbre a su contacto. Hecho esto, la acercaremos a su cara
y mientras que con una mano lo acariciamos por toda la cara, con
la otra se la colocaremos sin brusquedad. Colocada la cabezada
volveremos a repetir las caricias por todo su cuerpo.

Con la cabezada puesta volvemos a acariciarlo por
todo el cuerpo.
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A continuación pasaremos
a sensibilizar al potro, esto es, le aplicaremos una serie de
estímulos buscando como respuesta una serie de reacciones
muy concretas. Le enseñaremos a ir hacia delante, ir hacia
atrás, movimientos laterales de su grupa y de su espalda.
Para ir hacia delante aplicaremos presión con nuestra mano
por detrás de su muslo de forma intermitente y en el momento
exacto en que el potro inicie el movimiento hacia delante retiraremos
la presión. Para parar, simplemente colocaremos nuestra
mano en su pecho si presionarlo, sólo como si fuera una
barrera infranqueable lo que hará que el potro se pare.

Con mi mano por debajo de su muslo presiono suavemente
hasta que el potro inicia su movimiento, tengo preparada
la mano por debajo de su pecho para pararlo.
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Si queremos que retroceda es
cuando aplicaremos presión en su pecho, siempre de forma
intermitente hasta que obtengamos la respuesta que buscamos.
Para introducir las futuras ayudas de los pies, colocaremos una
mano por debajo de su cuello, y con la otra presionaremos de forma
intermitente en la parte trasera de su flanco hasta que desplace
la grupa hacia nosotros. Este ejercicio hay que realizarlo por
los dos lados. Esta es la forma de tener control sobre sus cuartos
traseros, aspecto este muy importante para iniciar todo el trabajo
pie a tierra.

Con mi mano en el lateral de su cara puedo girarle
la cabeza para que cambie de dirección. |
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Realizo presión intermitente con mi mano hasta
que el potro mueve hacia mí sus cuartos traseros.
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Repito la misma operación por el otro lado.
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Si tuviéramos que señalar
lo más importante, sin duda sería el momento en
que hay que quitar la presión sobre el potro. En el preciso
instante que el potro inicie el movimiento en la dirección
deseada debemos quitar la presión. Ese es uno de los motivos
por los que hay que ejercer la presión de forma intermitente
y no continua, ya que si lo hacemos así cuando el potro
empiece a moverse no tendemos que quitarla, bastará con
no volver a aplicarla. El otro motivo es que a una presión
continua el potro se acostumbra, perdiendo sensibilidad, por lo
que a veces nos obliga a poner una presión mucho más
fuerte para conseguir el movimiento pedido. Lo que estamos buscando
es una respuesta positiva ante la menor presión posible.
Si conseguimos estas reacciones de nuestro potro estamos ya preparándolo
para ir a ramal tema este en el que consistirá el próximo
capítulo.
Juan Araquistain
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