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Como sabéis el potro recién
nacido pasa casi todo el día tumbado durmiendo, y a diferencia
de los adultos, no es capaz de descansar de pie, por lo que la
sesión no debe exceder de 15 minutos. Si en este tiempo
no hemos podido concluir, pararemos para que el potro pueda descansar
y continuaremos una vez haya repuesto fuerzas. Es importante tener
esto bien presente, y no sólo cuando el potro es pequeñito,
sino en cualquier fase de la doma de un caballo. Si el potro está
cansado va a ser incapaz de aprender, por lo que es una tontería
insistir e insistir. A mayor insistencia mayor estrés provocaremos
en el animal. En este caso no aprenderá más que
resulta desagradable el trato con nosotros. Tenemos que intentar
que el potro se encuentre siempre a gusto cuando estamos con él.

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FOTO 1.
Coloco mis brazos alrededor del potro sin tocarle
al principio. Cuando él se mueva hacia delante
se encontrará con mi brazo que lo frenará
y lo mismo sucederá si se mueve hacia a tras,
pero si está quieto mis brazos no lo tocan.
Así aprende que para sentirse a gusto no debe
querer escaparse de mí.
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Podría parecer que cuando
lo manipulamos tan pequeño el potro no puede sentirse bien,
pero no hay que olvidar que esas nuevas experiencias despiertan
su interés y si somos capaces de recompensar sus buenas
reacciones, sus avances, el potro disfrutará. La mejor
prueba de ello es que cuando nos aproximemos al potro para la
siguiente sesión éste se acercará voluntariamente.
Si su experiencia hubiese sido desagradable sin duda nos rehuiría.
En esta segunda sesión
repetiremos la habituación, y añadiremos la sensibilización.
En cuanto a la habituación, volveremos a tocar al potro
por todo su cuerpo pero esta vez con el potro en pié. Esta
vez le levantaremos las manos y los pies y volveremos a simular
los golpes en los cascos que en su día hará el herrador.
También empezaremos a sensibilizar al potro a responder
a las ayudas.
| Siempre que sea posible el trabajo debería
hacerse en pareja, uno sujeta al potro y el otro realiza la
manipulación. De esta forma es más fácil
y el potro se siente menos restringido. Si no es posible hacerlo
entre dos puede hacerlo uno sólo pero teniendo mucho
cuidado de que el potro no se sienta muy presionado evitando
una lucha que no queremos. Si el potro, por lo que fuera,
se resistiera, debemos aguantar la presión sobre él
hasta que se habitúe y deje de resistirse. La forma
más útil de retener al potro para poder empezar
a trabajar es formar con nuestros brazos un pequeño
corral a su alrededor rodeando su pecho con un brazo y con
el otro sus posteriores. |

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FOTO 2.
Coloco mi cinturón alrededor de su cuello,
paso mi antebrazo por el mismo y con la mano lo sujeto
por la cola. Sólo aplicaré presión
en el cuello o en la cola si el potro se mueve. Mientras
esté quieto no debe haber presión. El
resultado debe ser lo más parecido a cuando
usamos el otro sistema. (foto 1).
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Una vez el potro esté tranquilo
entre nuestros brazos empezaremos a acariciarle por todo el cuerpo
como hicimos en la primera sesión. Si estamos solos, necesitaremos
por lo menos un brazo para poder acariciarlo, por lo que debemos
buscar un sistema que nos permita mantener quieto al potro con
un solo brazo. Una solución es aguantarlo como se muestra
en la fotografía.
Una vez que el potro se ha habituado
a nuestro contacto empezaremos por acariciar su cabeza, incluyendo
la orejas tanto por su parte interior como exterior, introduciendo
nuestro dedo un su boca imitando la futura introducción
del filete, y luego despacio pasaremos a su cuello hasta llegar
al dorso.

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FOTO 3.
Sin necesidad de sujetar al potro la acaricio la quijada
con una mano y el cuello y pecho con la otra.
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FOTO 4.
Me voy acercando despacio a las orejas hasta que pueda
introducir mi dedo en su interior.
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FOTO 5.
Después de acariciarle el hocico y los hollares
introduzco el dedo en su boca hasta colocarlo en la
forma que en su día hará la embocadura. |
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Una vez que llegamos al dorso
del potro, además de acariciarlo como hicimos en la primera
sesión, pondremos un poco de presión en la zona
donde irá colocada la montura. Es el momento de simular
la colocación de la montura, para lo que hay que poner
peso en su dorso y presión en la zona de la cincha.

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FOTO 6.
Con la palma de la mano abierta la coloco en la zona
del dorso donde colocaremos la montura y voy aplicando
presión intermitentemente hasta que el potro
la acepta con total tranquilidad. En ningún
caso cargo el peso de mi cuerpo sobre el dorso del
potro, simplemente me limito a aplicar una ligera
presión con la mano.
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FOTO 7.
Con mi brazo rodeo completamente la zona de la cincha
y voy aplicando presión de forma intermitente
hasta que el potro se relaja del todo.
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FOTO 8.
Con un brazo sostengo por debajo del cuello para ayudarle
en su equilibrio y con la otra mano le sostengo la
suya.
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Luego pasamos a levantarle manos
y pies. Para ello, debemos comprobar que el potro se encuentre
bien equilibrado sobre sus cuatro patas, es inútil pedirle
que levante una de ellas si no puede sostenerse sobre las otras
tres. Este es un error muy frecuente al ir a levantar una de las
patas del caballo. En muchas ocasiones he podido observar como
se insistía para que un caballo mal equilibrado levantase
una de sus manos, y cuando el caballo daba un paso para equilibrarse
su cuidador le castigaba por haberse movido, sin pararse a pensar
que el caballo sólo hacía aquello que le pedía.
El castigo en ese momento no logrará sino que el caballo
no quiera dar su mano en el futuro por que ha aprendido que haciendo
lo que se le pedía era castigado.
Una vez comprobado que el potro está correctamente colocado
sobre sus cuatro patas, bajaremos acariciándole por el
brazo hasta llegar por debajo del menudillo. Colocaremos nuestra
mano por detrás del menudillo y aplicaremos una ligera
presión hacia delante, pidiendo al potro que mueva la mano
hacia delante, siguiendo su movimiento natural al dar un paso.
Nunca hay que pedir que levante la mano hacia arriba, pues le
resulta imposible. Siempre hacia delante. A la menor respuesta
del potro retiraremos la presión. No debemos pensar en
agarrar su mano, en sujetarla. Buscamos buenas respuestas a nuestros
estímulos. Debemos ir paso a paso y recompensar las buenas
actitudes. Poco a poco llegaremos a que el potro levantará
su mano y permitirá que se la sostengamos.

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FOTO 9.
Se puede observar con claridad que no agarro con fuerza
la mano del potro, simplemente se la sostengo por
el casco con dos dedos mientras el potro esta totalmente
relajado. También se observa como el potro
se apoya en la mano que tengo bajo su cuello, pues
es muy joven y se cansa rápido.
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FOTO 10.
Mientras le sostengo por debajo del cuello, bajo mi
mano por detrás del corvejón hasta llegar
a la cuartilla donde aplicaremos presión hacia
delante, siguiendo su movimiento natural hasta que
el potro levante el pie que sujetaremos con suavidad.
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FOTO 11.
Después de la sesión dejamos descansar
al potro, que totalmente relajado se tumbará
junto a nosotros. |
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Juan Araquistain
Telf. 609 43 80 80
Natural Hipic
www.naturalhipic.com
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