
Los órganos sensoriales del caballo están
perfectamente adaptados a su tipo de vida, es decir
para descubrir a los depredadores cuanto antes y poder
así iniciar la huida con tiempo suficiente
para evitar sus ataques.
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Los caballos con los ojos situados
a ambos lados de la cabeza son capaces de ver sin moverse casi
todo lo que les rodea excepto por detrás de ellos y una
pequeña zona de un metro y medio aproximada- mente justo
delante de su cabeza.
Tener presente donde puede y no puede ver el caballo es básico
a la hora de tratar con él. Si nos acercamos a un caballo
que no nos tiene mucha confianza de frente, cuando entremos en
la zona ciega el caballo probablemente reaccionará retrocediendo
o girando su cabeza para poder verte. No debemos entender su reacción
como un rechazo, sino que simplemente quiere vernos. Una buena
idea es acercarse siempre por un lateral del caballo, así
nunca te pierde de vista. Puede ser que el caballo gire su cabeza
para poder verte con los ojos, pero estará mucho más
tranquilo que si lo haces de frente.
La zona ciega frontal condiciona en gran medida el comportamiento
del caballo. Por ejemplo, si queremos saltar con nuestro caballo
debemos tener presente que en el momento de la batida el caballo
no puede ver el obstáculo, salta de memoria. Si el caballo
se distrae justo antes de saltar probablemente no sea capaz de
superar el obstáculo pues puede olvidar donde se encuentra
éste.
| Los órganos
sensoriales del caballo están perfectamente adaptados
a su tipo de vida, es decir para descubrir a los depredadores
cuanto antes y poder así iniciar la huida con tiempo
suficiente para evitar sus ataques. |

Al estar en su zona ciega gira completamente sus orejas
hacia mi para saber donde estoy exactamente..
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Si tratamos con un caballo sin
domesticar, nervioso o inexperto, tenemos que intentar evitar
que se muevan cosas en la zona ciega, pues el caballo reaccionará
bruscamente ya que posiblemente considere dicho movimiento como
una amenaza. Si el caballo está atado o restringido en
sus movimientos de alguna otra forma, sin poder apartarse o girar
su cabeza para ver que pasa en la zona ciega, es muy probable
que al no poder escapar de la supuesta amenaza reaccione dando
alguna patada para defenderse.
Es por ello que puede resultar peligroso pasar por detrás
de un caballo, ya que no puede verte pero sí sabe que hay
algo detrás de él que podría ser dañino.
Si pasamos por detrás de un caballo es bueno hablarle para
que nos reconozca y también tocarle antes de entrar en
la zona ciega y mantener el contacto mientras andamos por ella,
pues así el caballo sabe que somos nosotros los que estamos
detrás.
Los ojos del caballo, a diferencia de los nuestros que están
preparados para ver los detalles como cazadores que somos, están
perfectamente adaptados para ver el movimiento. Un caballo es
capaz de ver moverse a un conejo a gran distancia, sin embargo
es incapaz de distinguir los detalles de nuestra cara aunque estemos
cerca de él. Lo mas importante para el caballo es ver cuanto
antes a los posibles depredadores. Cuando perciben movimiento
se ponen muy nerviosos si no pueden ver la causa del mismo. Es
muy frecuente que nuestro caballo se asuste más de lo habitual
los días de mucho viento, ya que todo se mueve a su alrededor.
Cuando vamos por el bosque y se mueven los arbustos se asustarán
mucho si no les permitimos mirar en esa dirección. Por
lo tanto no es aconsejable ir de paseo llevando el caballo con
las riendas tan tensas que no le permitan mover la cabeza, pues
necesita moverla para poder enfocar correctamente.

Dejamos que la yegua mire a la excavadora, sin ninguna
tensión en las riendas para que pueda moverse.
La yegua mira fijamente con sus ojos y orejas hacia
la excavadora mientras yo la tranquilizo.
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Nosotros somos capaces de enfocar
objetos distintos sin mover nuestra cabeza, sólo necesitamos
cambiar el enfoque con nuestro ojo. El caballo en cambio debe
mover la cabeza para enfocar correctamente. Por la forma de sus
ojos el caballo debe poder mover su cabeza de arriba abajo tanto
para enfocar como para poder abarcar todo su campo de visión.
Cuando perciben un movimiento moverán su cabeza de arriba
abajo o la ladearán, y si no pueden moverla girarán
su ojo. Normalmente cuando vemos a caballos que enseñan
el blanco de sus ojos no es señal de maldad, simplemente
es que está haciendo un esfuerzo por ver algo que queda
en su zona ciega.
Cuando en el campo vamos por terrenos difíciles, donde
el caballo puede tropezar con facilidad, debemos dejarle que baje
la cabeza, pues sino no puede ver lo que hay justo delante de
sus manos. También tiene que bajar la cabeza antes de iniciar
el descenso por una pendiente pronunciada, porque sino tampoco
podrá ver el terreno que tiene delante y sería como
pedirle que saltara al vacío.

Enseñando la yegua a pasar una plataforma en
el suelo como pasa previo a entrar en el remolque.
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Muchas veces hemos visto como
un caballo que va al paso por un camino sin asustarse de nada,
cuando pasa por el mismo sitio al galope da un brinco lateral.
La mayoría de las veces lo hace simplemente por que, al
no poder mover su cabeza lateralmente por la tensión de
las riendas, necesita separase del objeto que ha visto para poder
enfocarlo correctamente. Si lleváramos las riendas un poco
más sueltas el caballo no tendría que saltar hacia
un lado. Esta situación puede ser comprometida y traer
malas consecuencias. Si producto del movimiento brusco del caballo
el jinete se desequilibra tirando de las riendas, o reprende al
caballo por su acción, éste lo único que
aprenderá es que el objeto que ha visto y le ha asustado,
además le produce daño por lo que la próxima
vez que pase por allí tendrá todavía más
miedo.
Cuando vamos a cargar un caballo en un remolque debemos dejarle
que baje su cabeza para que pueda ver bien la rampa. Igualmente
deberemos hacer si queremos que salga del remolque retrocediendo.
Hay muchos caballos que no quieren salir del remolque hacia atrás,
por que les pedimos que vayan a un sitio que no pueden ver. Si
quitamos la barra del pecho y le permitimos que baje la cabeza
ladeándola ligeramente se podrá ver sus pies y bajará
mucho mejor.

El caballo mira
el obstáculo.

Gira las orejas
y su cuello hacia el mientras
relajadamente se le tranquiliza.
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Como complemento de sus ojos el
caballo dispone de unos oídos muy finos, que junto con
la capacidad de mover sus orejas en todas direcciones hacen que
este órgano sea fundamental para ellos y al igual que los
ojos condiciona su comportamiento.
Si un caballo escucha algún sonido que le pueda parecer
interesante hará todo lo posible para girar su cabeza e
incluso todo su cuerpo hacia él, así podrá
determinar con más claridad qué es lo que produce
dicho sonido. Cuando nuestro caballo tiene este tipo de reacción
no debemos reprimirlo, pues es natural que el caballo quiera saber
de donde provienen esos sonidos que pueden resultar amenazadores.
Debemos dejar que el caballo mire hacia el lugar donde se produce
el sonido tranquilizándolo. Si cuando nos encontramos en
esta situación no dejamos que el caballo mire hacia el
sonido, si éste es un poco nervioso, es probable que salga
galopando huyendo del sonido amenazante.
En los caballos que van en fila normalmente podemos apreciar como
el que va delante dirige sus orejas al frente, los que le siguen
la dirigen hacia los lados y el que cierra la fila hacia detrás.
Así el grupo se divide el trabajo para controlar todo el
entorno.
Cuando montamos, si tenemos establecido el liderazgo con nuestro
caballo, veremos como es frecuente que gire sus orejas hacia nosotros.
Está concentrando su atención en el líder,
a la espera de que le indiquemos lo que vamos a hacer. Tambien
es frecuente en una situación de miedo ante algo ver que
nuestro caballo dirija una oreja hacia delante y otra hacia el
jinete buscando ayda sobre como actuar en ese momento comprometido.
La posición de las orejas también muestra emociones.
Las orejas hacia atrás pueden ser también una muestra
de sumisión y de miedo, pero no indican que el caballo
esté preparándose para darnos una coz. Cuando realmente
debemos preocuparnos es cuando el caballo aplasta sus orejas hacia
atrás, entonces se está preparando para la lucha
y es realmente peligroso.
El olfato es muy importante para
los caballos. Muchas veces dependen de su olfato para encontrar
agua en las zonas desérticas. Escogen la comida guiándose
por su olfato, por lo que muchas veces rechazan su comida habitual
cuando la mezclamos con algún medicamento.
Para ellos poder oler a los otros
caballos es muy importante, pues cada animal huele diferente.
Debemos pensar que las yeguas identifican a sus potros por el
olor. Cuando dos caballos se encuentran vemos que juntan sus narices
para olerse, y será por el olor que decidirán si
el otro es o no un amigo. Los caballos siempre están interesados
en oler el estiércol de otros caballos, pues por el olor
identificarán el sexo del que defecó.

Ensillamos al caballo suelto para que pueda girar
la cabeza y ver lo que hacemos, a la vez que le presentamos
la montura para que pueda olerla.
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También están muy
interesados en olernos a nosotros, y debemos dejar que lo hagan,
es la mejor forma de que luego nos identifiquen y conozcan, Cuando
nos aproximamos a un caballo por primera vez, y si está
por domar con mayor motivo, es aconsejable que nuestra ropa y
nuestras manos tengan el olor de otros caballos, pues nos aceptara mejor
a su lado. Hay que tener presente que si tratamos con un semental y nuestra
ropa está impregnada del olor de una yegua en celo éste
podría excitarse sexualmente lo que podría darnos
algún problema.
Cuando empecemos a domar al potro
debemos tener muy presente la importancia del olfato. Así,
antes de ponerle encima cuerdas, el sudadero o la montura debemos
dejar que los huela. Al igual que cuando nos presentamos nosotros
por primera vez al caballo, es bueno que todos estos elementos
huelan también a otros caballos. Cuando conozca su olor
no tendremos problemas al ponernos en ocasiones posteriores.
También es muy importante.
Debemos hacer un esfuerzo por aprender a acariciar a los caballos.
Entre ellos el contacto es muy importante y mucho más entre
los potros que se están tocando continuamente. Las caricias
les encantan, sobre todo cuando lo hacemos a favor del pelo. En
cambio no les gustan nada las palmadas que muchas veces les damos
en el cuello. Con eso lo que se consigue es desensibilizar esa
zona del cuerpo, pero no es agradable para el caballo. Si estamos
con un potro que ha tenido poco contacto con la gente y queremos
que se deje acariciar, si le damos una palmada probablemente se
alejará de nosotros.
Los caballos tienen unas partes
más sensibles que otras. La nariz y el hocico resultan
muy sensibles gracias a los bigotes. Otras partes sensibles son
el cuello, la cruz y la corona del casco entre otras. Las caricias
en estos puntos suelen tranquilizar bastante a los caballos.
Los caballos, como digo, son muy sensibles al tacto y eso lo usamos
en nustro beneficio a la hora de su adiestramiento. Podremos dirigir
al caballo mediante la aplicación de presiones, ya sea
con las riendas o con las piernas. Debemos tener en cuenta que
el caballo se separa de la presión, pero si la presión
se mantiene constantemente sobre una zona en vez de una respuesta
nos podemos encontrar que estamos insensibilizando esa zona, por
lo que la respuesta será más tardía. Es por
ello que a veces da mejores resultados aplicar la presión
de forma intermitente.
Si tenemos todos estos aspectos
en cuenta nos será mucho más sencillo comprender
el comportamiento de nuestro caballos, y no caer en el error de
castigar o reprimir actuaciones que son absolutamente normales
para el caballo y que, a diferencia de lo que algunos piensan,
no supone que nuestros amigos sean rebeldes o nos tomen el pelo.
Juan Araquistain
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