| ¿Que
es en realidad la Doma Natural? |
Para muchos consiste en domar
a un potro sin emplear la violencia física, es frecuente
oír la frase “yo nunca les pego”, pero a la
vez vemos caballos que son sometidos por sus domadores a un gran
estrés durante su adiestramiento o que están viviendo
en unas condiciones muy poco naturales.
La Doma Natural debemos entenderla como un concepto amplio que
nos obliga a realizar un esfuerzo intelectual para intentar comprender
a los caballos, debemos ser nosotros los que nos adaptemos a sus
pautas de comportamiento y a sus necesidades y no a la inversa
como se pretende habitualmente.
No debemos ver la Doma Natural como un sistema más o menos
novedoso para domar caballos, quien se enfrenta a otros sistemas
que podemos considerar más tradicionales. Ni mucho menos.
La Doma Natural no es un sistema, pues cada domador tiene el suyo
propio. La Doma Natural es una postura, si se quiere una filosofía
sobre como queremos que sea nuestra relación con los caballos.
Todos aspiramos a tener una buena relación con nuestros
caballos, una relación basada en la confianza mutua en
vez de en el miedo, que quieran estar junto a nosotros, que se
les note alegres y relajados.
Pero, ¿Como se consigue la confianza del caballo? La respuesta
es sencilla, dando al caballo lo que necesita. Para ello debemos
tener muy en cuenta cuales son sus pautas de comportamiento en
estado salvaje y actuar en consecuencia.
El caballo es un gran herbívoro cuya principal amenaza
son los depredadores. No podemos olvidar que durante miles de
años nosotros no hemos sido para el caballo sino un depredador
más, por lo que su instinto de supervivencia le hace huir
del hombre. Durante millones de años de evolución
el caballo ha ido perfeccionando su sistema de defensa. Con el
tiempo se ha hecho más fuerte y más rápido
lo que le convierte en uno de los animales que puede resistir
más tiempo corriendo a gran velocidad, pero tiene un problema,
para ello necesita comer grandes cantidades de hierba por lo que
está muchas horas al día con la cabeza en el suelo.
En esa situación el caballo no puede ver su entorno, por
lo que es más vulnerable al ataque de posibles depredadores.
Para evitarlo, el caballo se une con otros formando grupos familiares
donde mientras unos comen o duermen otros vigilan. Cuando el caballo
se siente amenazado por algún peligro siempre huye. La
velocidad y resistencia son su mejor defensa. Un caballo sólo
se defenderá dando coces o mordiscos cuando no pueda huir.
Las patadas y mordiscos no son muy eficaces, no es fácil
matar a un depredador de esa manera, la verdad es que el caballo
no es muy certero cuando lanza las patadas. Por eso será
su última opción. Si tiene la mínima oportunidad
de huir eso es lo que hará. Conocer este comportamiento
es muy útil para nosotros a la hora de relacionarnos con
los caballos. Para que la protección del grupo sea efectiva
los caballos han desarrollado un sistema de comunicación
gestual que les permite reaccionar ante la menor amenaza. En definitiva,
los caballos mediante un lenguaje corporal muy claro se transmiten
unos a otros las señales de alarma o tranquilidad adecuadas
a cada situación. Por lo tanto vemos que los caballos son
muy sensibles alas señales corporales, y entienden muy
bien cuando una situación es o no peligrosa en virtud de
lo tensos o relajados que estemos.

Otro aspecto fundamental del comportamiento del caballo es la
concepción que tienen del espacio que les rodea. Para el
caballo hay dos espacios muy diferenciados, uno amplio, que podríamos
llamar de seguridad, donde no permitirá que entre ninguna
posible amenaza, y otro personal, muy importante dentro del grupo
pues el caballo sólo permitirá a sus amigos que
entren dentro de éste último. Por lo tanto nosotros
debemos superar una primera barrera que nos separa del caballo
que es su miedo instintivo al hombre como depredador. Si lo conseguimos
podremos acercarnos al caballo y entrar dentro de su espacio de
seguridad, él no huirá pues estará acostumbrado
a nuestra presencia y dejará de vernos como una amenaza.
Pero la segunda barrera es más difícil de franquear,
pues el caballo debe no sólo aceptarnos, sino considerarnos
como a un amigo, si no nos acepta como tal no permitirá
que entremos en su espacio personal ni por tanto que lo toquemos.
Otro
aspecto esencial del comportamiento del caballo es su capacidad
para coordinarse con los otros miembros del grupo. Ya desde muy
pequeños, en sus juegos, practican la coordinación.
No debe olvidarse que su vida dependerá en muchas ocasiones
de ser capaces de coordinarse en su huida, pues para el depredador
es mucho más difícil escoger una presa a la que
dar caza si todo el grupo se mueve como si fuera un único
individuo.
No podemos olvidar por último la organización del
propio grupo familiar, en donde a diferencia de lo que muchos
piensan no se organiza en base a una relación de dominio
y sumisión, sino a partir del liderazgo de uno de sus miembros.
Los grupos familiares están normalmente formados por un
semental y de dos a cinco yeguas con sus potros nacidos ese año
y los de años anteriores normalmente hasta que tienen tres
años. El semental se encarga de la protección del
grupo, se enfrenta a las amenazas de posibles rivales o de algunos
depredadores. Así mismo el grupo está liderado por
una yegua, normalmente una yegua vieja pues será ésta
la que tienen más experiencia y a la que el resto del grupo
sigue voluntariamente. Ella decide cuando ir en busca de agua,
de mejores pastos, de sombra, refugio, etc.
Las relaciones de dominio y sumisión sólo se darán
en situaciones de conflicto, cuando dos caballos se tienen que
enfrentar por algo y éstas son muy concretas y no suelen
darse entre los miembros de un mismo grupo familiar. Vemos actitudes
de dominio por ejemplo, cuando el semental de un grupo se enfrenta
con otro macho que quiere quitarle a sus yeguas.
A diferencia de lo que ocurre con los caballos salvajes, en las
relaciones sociales de los domésticos si vemos con frecuencia
relaciones de dominancia y establecimientos de jerarquías.
Debemos pensar que se encuentran en situaciones artificiales creadas
por el hombre donde se ven obligados a competir por los recursos,
al igual que pasa en los grupos de cazadores. Hay un poco de comida,
un poco de sombra, etc. Cuando se dan estas situaciones de dominancia,
el dominante lo único que busca es que el otro, el que
es más sumiso se aleje de él dejándole el
camino libre al recurso que quiere conseguir, ya sea comida, agua,
etc. El sumiso no adopta en realidad una actitud de sumisión,
no se acerca al dominante comos i le pidiera permiso para compartir
los recursos, simplemente se aleja de él. Nadie quiere
estar con el dominante, pues cuando se acercan a él lo
único que recibirán sera una coz o un mordisco.
El dominante a diferencia del líder no tiene por que ser
el más experto, le basta con ser el más fuerte ya
sea físicamente o de carácter.
No sucede eso con el líder de la manada los otros quieren
estar junto a él, pues en él confían y saben
que donde está el líder habrá tranquilidad.
De nosotros depende convertirnos en el dominante o en el líder.
Yo personalmente prefiero ser un líder en el que mis caballos
confían más que el dominante a quien los caballos
temen. Ejercer el liderazgo sobre el caballo es la base de la
Doma Natural. Si el caballo no nos ve como a su líder no
nos seguirá voluntariamente. No es tan difícil como
puede parecer convertirse en líder. En primer lugar los
potros nunca son los líderes por lo que es natural en ellos
buscar uno en quien confiar. Además no todos quieren la
responsabilidad del liderazgo pues eso supone una mayor responsabilidad
y riesgo. La mayoría cede ese puesto gustosamente, lo que
podemos aprovechar para ocupar dicha posición.
Por desgracia, a menudo, no tenemos en cuenta las necesidades
reales del caballo y con toda nuestra buena intención actuamos
radicalmente en contra de dichas necesidades. Cuando se va a domar
un potro es muy frecuente que lo primero que se haga con él
sea meterlo en una cuadra, pues piensan que será así
más fácil hacerse con él. Muchas veces son
boxes donde ni siquiera puede ver a otros caballos sintiéndose
totalmente aislado y perdido. Eso sí, nos preocupamos de
que tenga un buen techo, buena cama y tres comidas al día.
También nos preocupa mucho su aspecto, les afeitamos los
bigotes y el pelo de las orejas sin saber que les quitamos sensibilidad
y los hacemos más vulnerables a que se introduzcan en sus
orejas elementos extraños que pueden ser causa de infecciones.
Al parecer estamos confundiendo nuestras necesidades con las del
caballo.
Cuando se saca del box el porto va sujeto de un ramal y lo primero
que se hace es atarlo. Muchas veces para ponerle la montura lo
atamos tan corto a la pared para evitar que se mueva que ni tan
sólo puede mover su cabeza, impidiéndole sin saberlo
que pueda ver lo que le rodea. A diferencia de lo que pensamos
estar encerrado no nos facilita su doma, todo lo contrario. Cuanto
más encerrado y aislado esté más estrés
sufrirá. Esa es la mejor forma de conseguir un caballo
nervioso o incluso deprimido.
Tenemos que tener muy presente que para comenzar el adiestramiento
del potro con la esperanza de obtener buenos resultados es esencial
que esté en las mejores condiciones posibles, tanto física
como sicológicamente.
En los próximos capítulos intentaré explicar
cómo podemos conseguir fácilmente su confianza si
tenemos en cuenta que el caballo necesita sentirse libre para
poder huir del peligro y estar en compañía de otros;
y como podemos a su vez aprovechar los instintos naturales del
caballo en su adiestramiento en nuestro propio beneficio como
son su gran capacidad de coordinación y de comprensión
del lenguaje corporal.
Juan Araquistain
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