| En este capítulo
durante el paseo vamos a aprender a superar obstáculos
de agua.
De todos es sabido que los caballos tienden a evitar los obstáculos
de agua. Las razones pueden ser diversas. Una razón es
que cerca del agua siempre esperan los depredadores a que sus
presas se acerquen a beber y durante miles de años aquellos
caballos más confiados eran cazados, por lo que el caballo
ha evolucionado gracias a su cautela y desconfianza a la hora
de beber. También creo que temen verdaderamente caer en
una trampa en la que sus patas queden atrapadas con lo que perderían
la posibilidad de escapar de los depredadores. Los caballos cuidan
mucho sus patas, pues saben que si una de ellas queda atrapada
o lesionada sería una presa segura. Si observamos a los
caballos veremos que, si pueden, siempre evitan pasar por el agua.
No es natural para un caballo pasar por el medio de un charco
si hay sitio seco por los lados. Siempre tienden a rodear el agua,
incluso cuando para hacerlo tengan que pasar por sitios complicados.
Si sabemos que para los caballos no es natural pasar por medio
de los charcos ¿Por que nos empeñamos muchas veces
en obligarles? Es muy frecuente ver a un jinete pelearse denodadamente
con su caballo para obligarle a pasar por un charco cuando hay
sitio seco por los lados. Estas peleas nunca son positivas, ni
siquiera si conseguimos que el caballo pase por el charco, y mucho
menos si no lo pasa, que por otra parte es lo más frecuente.

Foto 1._ Dejo que el caballo para
donde quiera antes de llegar al charco.
|
|
Antes de obligar a nuestro caballo
a pasar por un charco debemos preguntarnos si el caballo tiene
o no, miedo y si está o no habituado a pasar los charcos.
No sirve de nada intentar forzarlo si el caballo tiene miedo.
El miedo lo bloqueará. Cuando un caballo tiene miedo lo
primero que debemos hacer es ayudarle a perder ese miedo y para
ello lo peor es presionarle, intentar obligarle. Pensemos en un
niño de tres años que tiene miedo a meterse en la
piscina, que cuando se acerca al agua se pone a llorar, a ninguno
de nosotros se nos ocurriría darle un par de tortas y luego
tirarle al agua, pues con toda seguridad ese niño tardaría
años en querer bañarse. Si nos parece lógico
enseñarle al niño a que no le tema al agua ¿Por
que no lo hacemos con el caballo?, ¿Por que cuando llegamos
ante un charco y el caballo no quiere pasar le pegamos con una
fusta obligándole a que se tire a la “piscina”?
La respuesta es que no tenemos ninguna consideración con
nuestros caballos, creemos que son como esclavos que tienen la
obligación de obedecernos sin rechistar por muy difícil
que sea para ellos lo que les pidamos que hagan.
Por desgracia es tan frecuente la imagen de un jinete peleando
con su caballo ante un charco, espoleándolo y fustigándolo
para que el caballo se meta en el agua cuando tiene sitio de sobras
para pasar por los lados, mientras lo insulta y le grita si el
caballo rehúsa o se encabrita. ¿Por que ese jinete
no se da cuenta de que las reacciones violentas del caballo las
está provocando él mismo al presionarle tanto? ¿Por
que no se da cuenta de que la resistencia es la única salida
que se le deja al caballo? Pues no se da cuenta por que no se
toma la molestia si quiera de pensar que el caballo puede tener
miedo al charco.
Un día me llamó un señor para ver si podía
solucionar algunos problemas que tenía su caballo. Fui
a su casa y al llegar ví que el caballo vivía en
muy buenas condiciones. Tenía suficiente espacio, prados
donde pastar y estaba en compañía de otros tres
caballos. En principio había que descartar problemas causados
por unas malas condiciones de vida. Le pedí que montara
a su caballo como siempre solía hacerlo, para poder ver
el comportamiento del caballo en su rutina habitual. El caballo
se dejó coger bien, no tenía problemas con la cabezada
de cuadra ni yendo del ramal. Cuando se acercaron con la montura
el caballo fue poniéndose nervioso, nervios que aumentaron
al ponérsela y cincharle. Era una montura vaquera, con
esos estribos metálicos que si no se monta bien se clavan
en los flancos del caballo, y que cuando éste se mueve
sin jinete le golpean haciéndole daño. Además
la montura era demasiado grande para ese caballo, por lo que seguro
le molestaba. Le pusieron una brida con un serretón y con
un “pelham”. El dueño me explicó que
hacía poco que tenía el caballo, que quien se lo
vendió lo montaba con una montura inglesa, pero que si
que usaba el serretón y el bocado, pues lo montaba con
cuatro riendas. La verdad es que el caballo estaba muy tenso antes
de que intentaran montarlo, era evidente que no estaba preparado
para ser montado. Su dueño intento montarlo pero el caballo
no paraba de moverse poniendo al dueño a su vez cada vez
más nervioso. Tras unos minutos de dudas consiguió
montar y al notar el caballo al jinete la tensión hizo
que empezara a botarse, eran botes muy pequeños pero hacían
que el jinete se pusiera cada vez mas tenso con lo que el caballo
cada vez tenía más miedo. Pedí al dueño
que se bajara y le quitara todos los arreos al caballo. Otra vez
con la cabezada de cuadra lo moví un poco en círculos
a mí alrededor, con la cuerda muy suelta hasta que empezó
a relajarse y lo monté a pelo con la cabezada de cuadra.
El caballo ni se movió cuando me fui a montar. Se movía
un poco nervioso pero no hizo el menor gesto de botarse. Di unas
cuantas vueltas al paso y me bajé.
Para mí resultaba evidente que el caballo tenía
pánico de ser montado por su jinete habitual. De ser montado
con aquella montura que seguro le molestaba, la presión
del serretón y el bocado y la tensión y miedo del
jinete. En definitiva una mezcla explosiva que no podía
sino acabar mal. Ya sabíamos que tenía miedo pero
había que averiguar el motivo. Por suerte el dueño
del caballo, que quería solucionar el problema fue sincero
conmigo y me explicó que unos días antes intentando
pasar sobre una reja de desagüe en un camino el caballo rehusó
y él intentó obligarle. El caballo se resistía
y él seguía apretando hasta que el caballo se empezó
a botar y el se asusto y se bajo antes de que lo tirara. Una vez
en el suelo cogió una vara y le pegó al caballo
como castigo. El dueño había entendido que la violencia
no es la solución pero se había dado cuenta tarde,
cuando el daño ya estaba hecho. A partir del dicho incidente
el caballo cada vez que se montaba estaba peor, hasta el punto
de botarse sólo con notar el jinete en la montura. Todo
había empezado por querer obligar al caballo a pasar un
obstáculo al que teme sin habituarlo antes.

Foto 2._ Dejo que mire al charco
sin pedirle nada mientras yo estoy muy relajado.
|
|

Foto 3._ El potro se para y baja
su cabeza para ver mejor y oler el agua.
|
|
Cuando
yo voy montando por el campo y me encuentro un obstáculo
dejo las riendas sueltas y dejo que el caballo se acerque hasta
donde quiera. Si tiene miedo se parará un poco antes de
llegar, lo dejo, no le aprieto. Es muy importante que el caballo
llegue lo más cerca posible del obstáculo sin miedo
y que allí se pare y se relaje. Una vez que ha mirado bien
el obstáculo, bajando su cabeza, le pido un paso hacia
delante, sólo un paso. Si rehúsa evito que vaya
a los lados o para atrás, pero no aprieto, le dejo. Es
normal que por curiosidad se acerque un poco más al obstáculo,
es su salida. Le bloqueo cualquier otra posibilidad que no sea
ir hacia delante. Si aun así no se acerca me bajo del caballo
y pasamos cerca del obstáculo andando. No tiene que darnos
vergüenza bajarnos del caballo, os aseguro que no somos peores
jinetes por ello, muy al contrario, nos preocupamos por nuestro
caballo, por entenderlo y por que nos entienda y esa es la única
forma de conseguir una relación de confianza entre ambos.

Foto 1._ Primer paso del potro dentro
del charco.
|
|
Normalmente el potro parará
junto a nosotros. Allí dejaremos que el potro baje su cabeza
hasta poner su hocico en el agua. El potro baja su cabeza para
ver el obstáculo y huele el agua para quedarse más
tranquilo.
Una vez que ha olido el agua daremos un paso y nos meteremos en
el agua, si el potro no nos sigue, daremos unos pasos más
dejando la cuerda larga y dentro del agua invitaremos al potro
a que nos siga. No tiraremos de la cuerda de forma continua, podemos
dar pequeños tirones intermitentemente para animar al potro
a seguirnos.
Es buena idea llevar unas zanahorias que nos ayudarán a
que el potro se decida antes a entrar. Si el potro no entrara
haremos que el potro se mueva en círculos al lado del agua,
cada vez más cerca hasta que se relaje y probaremos de
nuevo. Lo más importante es que una vez dentro del charco
el potro se relaje. Debemos quedarnos dentro del agua un rato,
no vale pasar el charco rápidamente. (Parado dentro oliendo
el agua le pedimos un paso más y esperamos dentro hasta
que esté totalmente relajado).
Juan Araquistain
Telf. 609 43 80 80
Natural Hipic
www.naturalhipic.com |